Simposio de Neurociencias, Bioética y Bioderecho que se llevó a cabo los días 7 y 8 de julio de 2015 en el Instituto de Formación e Investigación en Bioética y Bioderecho.

 

El diálogo entre las neurociencias, la ética, las demás ciencias de la vida, las ciencias sociales y el derecho es fundamental en nuestros días, no solamente en virtud de su creciente desarrollo y de los impresionantes avances que se han hecho en este campo, sino también de las implicaciones que tienen su aplicación, interpretación usos y abusos en su interrelación con otros campos del conocimiento y de la práctica.

 

Los días 7 y 8 de julio de 2015 se llevó a cabo el Simposio de  Neurociencias, Bioética y Bioderecho en las instalaciones de este Instituto de Formación e Investigación en Bioética y Bioderecho, en el cual se convocaron expertos de diversas áreas y perspectivas, a efecto de que intercambien puntos de vista en torno a las neurociencias a través del análisis bioético y biojurídico.

 

Dicho evento se llevó a cabo a manera de sesión cerrada al público, pero fue grabado para poder ser retransmitido, y culminará en la publicación de las discusiones y conclusiones a las que se lleguen durante el debate.

 

El evento constó de 4 mesas, que se llevaron a cabo a lo largo de dos sesiones (una sesión por día), las cuales desintegraron por una ponencia y un comentario de 30-40 minutos cada una, habiendo la posibilidad al final de cada jornada de que los demás participantes e invitados intervinieran con comentarios y preguntas a los expositores.

 

Los temas de las mesas fueron: 1) Neurociencias, 2) Neurojurídica, 3) Neuroética, 4) Neuropolítica.


La primera ponencia, en la mesa de Neurociencias, estuvo a cargo del Dr. Ricardo Tapia Ibargüengoytia, Médico Cirujano y Doctor en Bioquímica, quien es además Investigador Emérito del Instituto de Fisiología Celular  de la UNAM, quien expuso sobre el desarrollo y estado actual de las neurociencias, así su proyección y perspectiva hacia el futuro desde la perspectiva científica. El comentarista a la ponencia del Dr. Tapia fue el Dr. Carlos Viesca Treviño, reconocido historiador  y filósofo de la medicina y coordinador del Programa de Maestría y Doctorado en Bioética de la UNAM.

 

La segunda mesa, Neurojurídica, inició con la ponencia del Dr. Víctor Martínez Bullé-Goyri, destacado jurista e investigador de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, quien abordó desde la perspectiva del derecho, las posibilidades que abren las neurociencias para el actuar humano, así como sus implicaciones jurídicas, especialmente desde los derechos humanos y el bioderecho. El comentario a esta ponencia estuvo a cargo del Dr. Nicéforo Guerrero Espinosa, Doctor en Filosofía del Derecho por la Universidad Anáhuac del Sur.

 

Al día siguiente, se llevó a cabo la tercera mesa, Neuroética, empezando con la ponencia del Dr. Miguel Zapata Clavería, Filósofo de la ciencia y profesor de asignatura de la facultad de Filosofía de la UNAM, quien retomó algunas de las discusiones que se tuvieron en las  dos mesas anteriores, y posteriormente enfocó su ponencia hacia las implicaciones éticas que tienen los avances y desarrollos actuales de las neurociencias, así como los planteamientos que las neurociencias han hecho en torno al fenómeno de la ética y la moral. El comentario a esta intervención fue de la Dra. Magdalena Espinosa y Gómez, Profesora Titular “C” T.C. Definitiva, con PRIDE Nivel “C” en la Facultad de Estudios Superiores de Acatlán.

 

Por último, tuvo lugar la mesa de Neuropolítica, iniciando con la ponencia del Dr. Felipe Gaytán Alcalá, Doctor en Sociología por El Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México, quien habló sobre los aspectos sociales, económicos, políticos y culturales relacionados con las neurociencias en la actualidad, así como los retos que enfrentamos en los diversos contextos de las relaciones humanas. El cometario a esta ponencia estuvo a cargo  de la Dra. Flor Zavala Cueva, abogada Especialista en Instituciones Administrativas de las Finanzas Públicas y Maestra en Derecho por la UNAM.

 

Las exposiciones  que se llevaron a cabo fueron de la más alta calidad académica, pero además dieron lugar a discusiones muy interesantes en torno al concepto de dignidad humana, los  fines de la ciencia y los valores que giran en torno a ella, así como las implicaciones en el contexto social, político y económico de los avances tecnológicos y científicos, hasta las consecuencias  y  los problemas que se suscitan en el ámbito jurídico para la legislación y la práctica.

 

Es indudable la necesidad de este tipo de espacios donde se propicia el diálogo interdisciplinario, laico, incluyente y plural sobre temas de actualidad  y de gran relevancia en el contexto actual en nuestro país y  en todo el mundo.

Simposio Neurociencias, Bioética y Derecho, celebrado el 7 y 8 de julio de 2015.


Conferencia impartida por el Lic. Juan Rivero Legarreta, Director General  del Instituto de Formación e investigación en Bioética y Bioderecho, del 30 de junio al 04 de julio del 2015,  en el marco de la 51ª Conferencia de la Federación Interamericana de Abogados (FIA), en Lima, Perú.


La Dignidad de la persona, fuente de los Derechos Humanos

Juan Rivero Legarreta

 

Los derechos humanos se han consolidado a través de la lucha social y a lo largo de la historia como un elemento fundamental del Estado Democrático Moderno.

 

Podemos afirmar incluso, que un acto de autoridad estará legitimado siempre y cuando respete los derechos humanos y que lo primero para evaluar si se ha cumplido con el deber jurídico es que se hayan respetado los derechos humanos.

 

Contamos con innumerables recursos e instituciones que trabajan para garantizar el respeto hacia los mismos. Nuestros órdenes jurídicos integran desde su Constitución a los derechos humanos, y son éstos además ahora centrales en las relaciones internacionales, y se han erigido en criterios hermenéuticos obligatorios para los tribunales.

 

Pero, ¿qué son los derechos humanos?

Sabemos ya que no son aquellos derechos que nos “otorga” un sistema jurídico, y que cuentan con un fundamento no solamente moral, sino ético, pero lo central para contestar esta pregunta, está en la dignidad humana.


Considero que al hablar de dignidad nos estamos refiriendo al trato que merezco por ser lo que soy.

En ese sentido, la dignidad humana puede ser entendida como la base de las obligaciones morales recíprocas, y los derechos humanos serían la expresión jurídica de esa dignidad.

No todas nuestras obligaciones son ni deben de ser de carácter jurídico, y no podemos restar importancia a la moral.

 

La moral, que es también un conjunto de normas que regulan nuestra conducta, cumple una función social muy importante, que no puede ser eliminada y sustituida por el derecho en su totalidad. Tampoco considero que la moral y el derecho no tengan terreno común o que corran por caminos separados. Ambos son sistemas normativos, y aunque cumplen una función distinta, comparten una base ética: los valores.

 

Pero más allá de las diferencias formales, ¿cuál es la diferencia en términos materiales entre una norma moral y una norma jurídica?

La moral tiene como objetivo principal la vida buena, mientras que el derecho se enfoca en alcanzar la justicia. Pero la idea de vida buena no puede subsistir sin la idea de justicia y viceversa.

 

La dignidad no es un concepto meramente subjetivo, es decir no puede quedar al arbitrio de cada persona, sino que debe ser construido intersubjetivamente, es decir que yo habré de entender lo que implica ser humano a través de mi relación con otros seres humanos, pero también a través de mi relación con aquello que no es humano.

 

El sentimiento de indignación que experimento cuando algo que considero me es debido, no me es dado, lo adquiero en mi interacción con lo vivo, porque formo parte de él, y con lo humano porque me comprendo como tal.

 

Los derechos humanos, su contenido, su interpretación, sus alcances, y su misma expresión positiva, varían mucho dependiendo del contexto en que nos encontremos.

 

Es por ello que es tan delicado hablar de dignidad humana y de derechos humanos. Es un tema para la ética jurídica. No puede convertirse solamente en una bandera política.

Hablamos constantemente de los derechos culturales, pero también escuchamos que se han suscitado controversias en torno a qué tan culturales (o relativos a la cultura) son los derechos. ¿Podemos decir lo mismo del concepto de dignidad humana? Estas preguntas tienen que ver con los límites del derecho, del Estado, y son preguntas de carácter ético fundamentales.

 

Sin entrar de fondo a este debate, me atrevo a decir que la cultura tendrá valor siempre y cuando lo tenga para los individuos, es decir que lo que debe siempre prevalecer es la vida humana individual.

 

Los derechos deben siempre buscar posibilitar la libertad, incluso si esto implica imponer ciertos límites a la misma, pero la libertad debe entenderse para el individuo, el derecho es entonces por y para el individuo.

 

Constantemente se hace referencia a la universalidad de los derechos humanos, a que su vigencia trasciende a los límites espacio-temporales y socio-culturales. Pero esto en la práctica dista mucho de ser así. Cuando hablamos de derechos humanos estamos hablando de criterios que surgen en el mundo occidental, y ese “occidente” no está delimitado geográficamente nada más, y que podemos hablar de muchos occidentes, porque se integra de una multiplicidad de contextos sociales, culturales, políticos, económicos, jurídicos, entre otros.

 

La realidad, es que hoy en día, aspiramos al consenso, pero llegar a acuerdos se torna cada vez más difícil. Es mucho más factible negociar, y hacer compromisos y concesiones que hablar de visiones compartidas.

  

Existe una pluralidad de cosmovisiones y de ideas en torno a lo justo y lo bueno que no solamente se hace explícita sino que además muchas veces resulta en choques en el contexto de la sociedad global, que además se caracteriza por la inmediatez, por la velocidad, por el exceso de información (que no siempre resulta en el exceso de conocimiento), y que genera que los desacuerdos se vivan mucho más intensamente, hasta el punto de parecer inconmensurables, sacando a flote los más profundos fundamentalismos.

 

Por ello, los derechos humanos no pueden ser tratados como verdades inamovibles, como un producto terminado. No obstante, cuando hablemos de ellos, siempre debemos aspirar a su validez universal, es decir que a través del diálogo incluyente y democrático podamos intercambiar razones y argumentos.

 

Es claro que el derecho, como dijimos, apunta a la concretización de los mandatos de la ética, y por tanto puede parecer complicado hablar de una norma jurídica que trascienda más allá de un determinado espacio-tiempo-sujeto, pero debemos entender que las normas, si quieren lograr su cometido como herramientas para realizar los valores (especialmente el valor de la justicia) deben apuntar más lejos.

 

El derecho cumple también un papel fundamental en establecer las reglas del diálogo, partiendo de la base de la igualdad, es decir que toda persona pueda participar y ser igualmente considerada, siempre y cuando haga valer sus razones en pleno respeto a la igualdad de los demás. A través del derecho podemos llegar al consenso, si no siempre al acuerdo, y esto es central para la convivencia armónica en sociedades tan complejas como aquellas de las que formamos parte.

 

Podemos partir de una base objetiva, que son las necesidades fisiológicas, y que aparentemente podemos determinar de manera más sencilla a partir de nuestras características biológicas. Un ejemplo básico sería la necesidad de alimento, porque sin alimento no podemos subsistir. Pero ¿qué no incluso los alimentos pueden tener para los seres humanos un significado y una carga moral? Pensemos en la alimentación Kosher, o en cualquier ritual sagrado relacionado con la comida. Y ¿qué esas necesidades no son fundamentales también para la concepción de una vida humana?

 

Con esto quiero decir que podemos hablar de ciertos mínimos ineludibles, pero que la naturaleza humana es mucho más compleja que su biología. Es por ello que todos los derechos humanos deben entenderse como unidad interdependiente, no como una jerarquía en sentido vertical.

 

Por eso varían las normas jurídicas y morales de un contexto a otro, porque las normas son la expresión de la interpretación de los valores, que invariablemente se lleva a cabo en contexto, es decir que siempre será histórica, cambiante, dinámica, aunque no necesariamente por ello arbitraria o inconstante. Por eso decimos, relativismo como diferencias en atención al contexto, sí; relativismo como simple incongruencia, no.

 

Sé que no existe una sola y misma idea universal en torno a la vida buena, en torno a lo justo, en torno a lo deseable, y ahí queda espacio para la reflexión ética y para el diálogo, pero lo que no es ético es actuar conforme a lo que es más cómodo o lo que más conviene en el momento, realizando saltos injustificados con mi actuar.

 

No olvidemos que las cosas tienen precio, mientras que las personas tenemos dignidad.

 

Muchas gracias


Artículo "Bioética y políticas públicas en Salud" publicado en el boletín número 10 del Centro Interamericano de Estudios sobre Seguridad Social (CIESS). Autores: Juan Rivero Legarreta, Estibaliz Saenz de Cámara Olano y Alexandra Olmos Pérez.


Libro: Derechos Humanos en Salud, Hoy. Una perspectiva desde la bioética y el bioderecho.

Autores: Juan Rivero Legarreta, Gabriel García Colorado, Iliana Rodríguez Santibáñez, Estibaliz Sáenz de Cámara Olano. 


Presentación del libro "Derechos Humanos en la Salud, hoy"